Llevo cierto retraso en esto del blog, pero he tenido mis razones, problemas con el tema de audiovisuales. Pero parece que por fin le voy a poder dedicar un ratito. Podré colgar los post de la naranjada porque ya tengo las fotos y las del Pic de Ribuls porque no hice ninguna. Y en cuanto pille a Paco y copie sus fotos, pongo el post del Aneto.
¡Qué bonito fin de semana el de esta Naranjada! Cumpliendo una tradición de cada vez más años ha, los peñalaros en masa asedian y alcanzan la cumbre del Naranjo, en una jornada interminable, que empieza y acaba en las praderas de Pandébanos. Es uno de esos días que hacen afición, que te enganchan para siempre o te olvidas de las grandes paredes y no vuelves a salir de tu escuela de deportiva.

Amanecer en el Picu desde Pandébanos
El año pasado, Sam y yo, pipiolos en la escalada, lo intentamos y fracasamos. Fue uno de esos fracasos que dejan buen sabor de boca, por haberlo intentado, por haberlo sufrido, y por saber que volverás. Y hemos vuelto. Este año el handicup lo suponía una insistente gripe que me tenía con fiebre desde el sábado anterior, y que no parecía remitir.

Muy temprano recogiendo agua
A pie de la Canal de la Celada
Con la lección aprendida. Dormimos en Pandébanos para descansar un poco más; teníamos café caliente; la noche previa cenamos pasta; llevábamos 4 litros de agua cada uno. Y en la cabeza una via que no es la de todo el mundo. Ya sabéis que si no nos la liamos un poco no nos quedamos contentos: La vía Cepeda o la Schulze, depende de cómo vieramos el tema.
Esta el la linea de la Cepeda
Esta es la cara norte. En el centro la chimenea de la Pidal, donde culmina la Schulze
Se nota el entrenamiento de esta temporada, y disfruté de la aproximación. En 3 horas y media estábamos a pie de vía, sin estar derrotados por el agotamiento. La mala noticia, que parece que todo el mundo eligió la Cepeda ese sábado; teníamos delante 2 cordadas de civiles y 2 de militares. Así que eran prácticamente las 11 cuando nos encaramamos a la pared.
Los chicos de la sur en el anfiteatro
El jou tras el Picu. Espectacular.
Y era un IV el comienzo, pero vaya IV. Difícil de proteger, y como además te pilla frío. Resoplamos un montón. El segundo largo adquiría verticalidad y tenía una salida para encaramarte a la Y de V- y fuerza, que a mí me costó un poco. Ese día pagué el trancazo pasado toda la semana y noté en ese paso cierta debilidad en los brazos que me asustó un poco. Estos 3 largos tienen algún clavo perdido y no se protegen mal del todo.
Samu empezando la vía
Ya sobre el lomo izquierdo de la Y Sam y yo decidimos ante el lento avance de las cordadas que nos precedían, que ya es ir lento, que escaparíamos a la Schulze. Muy bonito el largo que sale en chimenea a la plataforma sobre la Y, facilón (IV) aunque difícli de proteger, típica chimenea guarra.
Y mientras los de la sur debían estar empezando.
En este punto empecé a encontrarme francamente mal, me subió la fiebre. Desde la plataforma se llega en un largo primero descendente y luego ascendente a la plataforma derecha de la Y. Sin dificultades técnicas. Pero cuando estaba recogiendo mi reunión para salir lanzaron un bloque muy grande desde lo alto. A la velocidad del rayo bajaba el bloque y los gritos angustiosos de "¡piedra, piedra!". Yo me encogí todo lo que pude, intentando refugiarme bajo el casco y mimetizarme con la pared. Samuel me gritaba que cuidado con miedo en la voz. El bloque impacto en la pard a 5 metros de mi cabeza, muy cerca del milico que subía delante, y se tranformó en cientos de proyectiles del tamaño de puños que silvaban por todas partes. Me costó unos minutos recuperarme del susto.
Foto de plataforma a plataforma. El cantábrico de marco.
No fue la única piedra que casi nos impacta. algún fisurero también voló cerca de nuestras cabezas y en la norte también volaban piedras. Luego nos dijeron que el chico que desprendió el bloque quedó herido de un brazo. Creo que el año que viene me pensaré bien la vía y eligiré alguna sin nadie por arriba.
Dónde será la vía, tralará.
Desde la plataforma derecha de la Y empezó una penosa travesía, primero descendente y luego horizontal, por el anfiteatro norte. No conocíamos el lugar, y no nos desencordamos. Era un terreno lleno de gravilla suelta, con el sol sobre nuestras cabezas. En plena subida de fiebre me costaba hasta andar. Tardamos quizá hora y media en este recorrido.
Aquí me encontraba fráncamente mal, y tampoco es mi mejor perfil.
Muy contenta llegamos al comienzo de la chimenea de la Pidal, para allí encontrarme saliendo a una cordada y llegando a otras 3. Tras parlamentar del asunto y entender que además otra cordada estaba iniciando la chimenea, les ganamos por la mano a las cordadas que venían. Sin embargo tardamos una larga hora antes de poder reiniciar nuestro avance.
Samu en la chimenea. La hizo fenomenal, me sentí orgullosa.
Salimos detrás de los sevillanos de galicia, que no se les daba mal, Samuel siempre detrás. Escaló seguro los 5 largos de la vía. Preciosos los 2 primeros, que acababan en la panza de burra (V+). Puso pocos seguros, usando los clavos que había en la pared. Desde el segundo largo no encontramos nada de nada. Esto relentiza el montar reuniones, pero fuimos al ritmo de los de delante, que pilotaban de lo lindo.
Y cumbre
Llegamos con los sevillanos a la cumbre, rápidamente recogimos el material y 3 cordadas comenzamos el descenso al anfiteatro. En otras condiciones lo hubiera pasado mal, sobre todo porque ninguno sabía el camino, pero no estaba el horno para bollos, eran las 6 de la tarde y no estaba la cosa para filigranas. También es cierto que me encontraba mejor, me habían hecho efecto los antitérmicos y no tenía fiebre.
Mientras los de la sur veían el naranjo ya de vuelta en la calurosa tarde.
En 10 minutos estábamos listos para los rápeles, y con 3 cuerdas no se nos dieron mal. A las 19'30 estábamos a pie de la sur recuperando nuestras cuerdas. Allí nos encontramos a 3 guiris, que estaban empezando la sur, que no tenían ni idea de por donde iba la vía. Además nos preguntaros si era mejor rapelar por la oeste si se les hacía de noche. Le recomendamos intensamente que no hicieran combre, porque además no se les veía sobrados. Si no han salido en la prensa es que al final no se les dio mal.
Ordenamos nuestro material y a las 20'30 estábamos en lo alto de la canal de la Celada. Miramos el reloj, vimos la niebla en el valle, y decidimos arriesgarnos y volver a Sotres. Nunca antes me he sentido tan bien volviendo. Íbamos casi corriendo, con esos macutos infernales, y 10 minutos antes de las 10 de la noche, con los últimos rayos de sol, llegamos al coche. Qué bien me sentí. Que cansada me encontré cuando dejé los bastones apoyados en el choche.
Cena, pan, vino y postre
Luego vino la vuelta, la cena y una corta noche sin sueños. Y tal y como me levanté cambiamos el plan original de los Ojales del Fresnidiello por Pescadito en San Vicente de la Baerquera, con nuestros compañeros los alpinistas. Y no me arrepiento.
Los alpinistas en San Vicente.
Esta es nuestra historia, pero no la única. Muchas primeas ascensiones al naranjo como la nuestra, Gustavo que escalaba por primera vez, vías en la oeste, vías de artificial. Una gran jornada alpinistica con buenos compañeros. Echamos en falta a Rafa y David.