Tras una noche muy corta, no porque madrugáramos sino porque ni soñamos, dormimos profundamente, se levantó un día típico de primavera. Tibio, con el cielo azul brillante, y el sol ya en lo alto cuando golpearon la furgo para despertarnos.
Todo lo rápido que sabemos reordenamos el material, recogimos el chiringito y desayunamos. En 10 minutos habíamos aparcado en la cuneta y comenzado a caminar hacia la zona de escalada: Las Torres de Villarejo. A mí me gustaría dedicarle un par de días al Torozo, pero eso será otro fin de semana. No teníamos muy claro qué vía íbamos a hacer, pero algo corto y asequible, que nos apetecía comer con toda la tropa.
Fue un bonito paseo de una media hora hasta pie de vía, en un paraje precioso, con el Valle a nuestros pies. En el lugar otras 2 cordadass que al parecer habían vivaqueado por el lugar y que no escalaban casi, que va.
Preparando el equipo
Decidimos al final ir todos a una chimenea, para salir por arriba en 3 largos, con una dificultad máxima de IV+. Carolina estaba un poco agotada del día anterior, por lo que yo me iba a unir a la cordada de los chicos. Luis salió primero, y tras pocos titubeos y un corto vistazo a la vía nos explicó sus razones para pasar de la misma. La entrada directa era obstaculizada por un precioso, frondoso y pinchudo árbol. Las alternativas eran una bonita pared izquierda tapizada de musgo cual moqueta de lujo, y una pared derecha que quería imitar a esas fuentes verticales, por la cascada qiue arrastraba. Vamos, un precioso apartamento con jardín y piscina.
Tras unas dudas sobre lo que hacer, decidimos atacar a la pareja que había vivaqueado, porque nosotros nos habíamos olvidado la guía en el coche. Poco a poco una nubes nada halgüeñas iban ocupando el horizonte. Decididos a hacer la vía Esteban Altieri, que sube la pared por la derecha, comenzaron a subir Nacho y Sam, mientras Luis se peleaba con otra vía a nuestra izquierda, probando incluso la calidad de los expansivos de la pared.
La esteban Altieri. "los que no escalan" haciendo una preciosa vía en artificial
Sobre todo se notó el brusco descenso de las temperaturas, y vimos como las nubes borraban de la vista el Galayar. Mala cosa. Empezó a chispear. De echo comenté con Carolina que a mí más que lluvia me parecía nieve. En las reuniones donde ya habían llegado los primeros era obvio que era nieve. rápel y a correr, recogimos el chiringuito y de vuelta para la furgona.
La que viene desde el Galayar
De camino nos calló la del pulpo, chorreando y helados llegamos a cobijo. Cuando a las 10 de la mañana habíamos empezado a andar hacía 16 grados; de vuelta 3 horas después, en junio a medio día, 6 grados. Por eso teníamos frío.
Volviendo peladas y chorreando
Lo único bueno es que llegamos a buena hora a comer, y no por el escaso trabajo realizado gastamos menos hambre, que dimos cumplida cuenta de un riquísimo asado de carnero o cordero o lo que fuera que estaba de rechupete.
Y acabando como deben acabar las cosas que acaban bien, papeando.
Las malas noticias llegaron desde Madrid. Emilio tenía una seria fractura en un dedo de la mano, debido a un accidente en sábado en Galayos, y será baja para la eurocopa, pero deseamos que se reponga pronto. Que vaya vaya como están los peñalaros de los huesos: El Capi, el Niño, Briones, Miguel Ángel, Emilio. Toquemos madera.
Ya volveremos, ya.
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